El desplazamiento de Colón en México vuelve como confrontación política



La plaza de Colón está situada a unos metros de la Cámara de Senadores y emplazada en el Paseo de la Reforma, el epicentro de Ciudad de México. Esta avenida considerada la Castellana mexicana, con la que guarda similitud demográfica y orográfica, luce sin la estatua de Colón en su pedestal desde el pasado año en vísperas de la celebración del 12 de octubre por el ‘Día de la Raza’ -renombrado como el ‘Día de la NaciónPluricultural’- ante el riesgo de una protesta ciudadana organizada para abatirla.

La imagen de Colón representa el conjunto histórico más antiguo de la avenida, fue construida en el siglo XIX por el escultor francés Charles Cordier y financiada por el industrial mexicano Antonio Escandón. Se trajo desde el estado de Veracruz, a orillas del borde de el Golfo de México y cuya capital homónima fue fundada por Hernán Cortés como base para la Conquista. La reubicación del monumento pasará a formar parte del apacible Parque América, en el centro de la Colonia de Polanco, a unos metros de la embajada de España, plagada de casas neocoloniales españolas y a unos metros de Masaryk, la calle de tiendas de lujo del distrito.

El 5 de septiembre, Día Internacional de la Mujer Indígena, ha sido el elegido por la gobernadora de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, para anunciar que el lugar que ocupaba Colón será asignado a una pieza de 6,5 metros «como reconocimiento a las mujeres indígenas» tallada directamente en piedra “para seguir con la tradición ancestral que surgió con hace más de 4000 años con las cabezas colosales olmecas”.

La considerada mano derecha del presidente López Obrador declaró que «Colón claro que fue un gran personaje universal y también hay que reconocerlo. Pero creemos que, en el centro de nuestra ciudad, ahí tiene que haber un reconocimiento a la mujer indígena y, por eso, este monumento». Ante la inauguración de una réplica de 14 metros del Templo Mayor de Tenochtitlán el presidente llegó a calificar la Conquista como “un rotundo fracaso”.

El pasado 13 de agosto (día en que Hernán Cortes reunió a 200.000 nativos enemistados con los mexicas que culminaron la conquista de la capital) el canciller mexicano celebró desde la céntrica Plaza del Zócalo, limitada por el Palacio Nacional, medio milenio desde la Conquista rebautizado como los ‘500 años de la Resistencia Indígena’. AMLO prosiguió su retahíla de improperios sobre la conmemoración achacando la pérdida de población debido a la ocupación sin tener en cuenta la viruela, el sarampión, el tifo y la malaria. Estas cuatro enfermedades fueron descritas como las causas de fallecimiento más recurrentes entre los pobladores indígenas, según los relatos de Felipe Arias en ‘Historias de la Contingencia’.

El presidente Andrés Manuel reconoció la construcción de palacios, bellos templos, universidades o la llegada de la imprenta, pero lo tildó de «insuficiente». La erradicación de Colón de una arteria principal no ha dejado indiferente a la clase política mexicana. Así el expresidente, Felipe Calderón, ha expresado su opinión: «Desaparecer, quitar monumentos y otros elementos arquitectónicos y artísticos y que forman parte de la gran identidad de la Ciudad de México, sin siquiera preguntarle a los ciudadanos, me parece una arbitrariedad».

Esta semana, el dirigente mexicano calificó de «inmundicia» las informaciones – ilegalmente filtradas- de la Fiscalía sobre el Rey emérito Juan Carlos I. Por la reciente visita de Vox al Senado de México en busca de firmas dentro del marco de la Carta de Madrid como alianza «para hacer frente al avance del comunismo en la Iberosfera» el presidente definió al partido de «extremista», «casi fascista» y «los más autoritarios, clasistas, racistas y corruptos». Abascal, que se encontraba en México, respondió en redes sociales con un: «Quienes se abrazan a tiranos y protegen a narcos no van a impedir nuestra causa a favor de la libertad de las naciones».

Los antihomenajes a España por la Conquista no son nuevos. El pasado marzo, otra vez la Jefa de Gobierno de la capital mexicana, revertió la nomenclatura del Puente de Alvarado “porque fue el principal perpetrador de la matanza del Templo Mayor”, considerado el conquistador de América Central y Cuba. También, los frailes españoles Bartolomé de las Casas, Juan Pérez de Marchena y Diego de Deza han sido erradicados en un cambio de paradigma como demuestra la restauración del ‘Monumento a la Independencia’ conocido coloquialmente como ‘El Ángel’, con un presupuesto de 560000 euros.

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