¡Basta de sangre de periodistas¡

2017-06-16 03:31:03
Editorial2017-06-16 03:31:03 Grafico Oaxaca

La protesta del periodista Álvaro Delgado, de la revista Proceso, durante la ceremonia que encabezó el presidente Enrique Peña Nieto del Consejo de la Comunicación, es un hecho inédito que obliga a la reflexión.

Se trataba de un acto tradicional de empresarios de los medios de comunicación del país, con el ejecutivo federal, para ratificar el compromiso de un sector con las políticas del Gobierno Federal, ampliamente cuestionadas tanto por los periodistas como por organizaciones civiles y un amplio sector de los mexicanos.

A la valentía del periodista Álvaro Delgado hay que agregar la legitimidad de la protesta. “Basta de sangre. Rectifique, Presidente.

#Ni uno más”. Este mensaje, escrito en una pancarta por un periodista que conoce la tragedia nacional de su gremio, alcanza un valor trascendente, porque lo que han hecho falta en México son las voces de los comunicadores para exigir que se frene la violencia y la impunidad.

La ceremonia de toma de posesión de la nueva directiva del Consejo de la Comunicación pudo haberse llevado a cabo sin incidentes, sin voces disidentes, y habría pasado como un acto más del ejecutivo federal con empresarios de medios de comunicación; sin embargo, la pancarta de Delgado le dio un giro total al evento, por el ambiente de violencia y crímenes en contra de los periodistas del país.

Las reacciones a partir de la histórica protesta de Álvaro Delgado, han sido en favor y en contra. Y qué bueno que los empresarios y periodistas asuman posiciones al respecto, porque aquellos que no estén de acuerdo con decirle al Presidente de la República que los periodistas estamos indignados por la violencia, porque su gobierno dejó de hacer lo que debía en materia de seguridad y protección al gremio; perdieron la oportunidad de reivindicarse con sus pares y con la historia de México.

La sangre de tantos periodistas que se ha derramado en el país, tiene que ver precisamente con la indiferencia, y algo peor, con la complicidad silenciosa de empresarios y periodistas que pudiendo haber contribuido a frenar la violencia, dejaron que el número de víctimas creciera y se hiciera cruel e insoportable.

México es el resultado no solo de lo que los mexicanos decidimos en las urnas al elegir, acertada o equivocadamente a los gobernantes; sino la consecuencia de lo que los periodistas y medios hemos construido, a partir de complicidades con el poder, de silencios criminales que alientan a la violencia en contra de un gremio que debiera gozar de la seguridad y protección del Estado, y de un quehacer informativo mediocre, corrupto y entreguista.

Precisamente por ello resaltan las voces valientes de periodistas que se han atrevido, asumiendo riesgos y pagando muchas veces un costo muy alto por hacerlo, hasta con su propia vida; porque la mayoría prefiere la cobarde y traidora comodidad del elogio y la adulación, cuando el país reclama el valor de la denuncia, de la crítica y de la condena en contra de un gobierno que reprocha que no aplaudamos las ocurrencias y la simulación, que no nos sumemos al coro de los cortesanos y que asumamos la responsabilidad histórica de practicar y hacer valer el derecho pleno a la libre expresión.

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